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¿TE ATREVERÍAS A LEER EL CÓDICE CALIXTINO?: EL MILAGRO DE LOS TREINTA LORENESES | The Way Services

¿TE ATREVERÍAS A LEER EL CÓDICE CALIXTINO?: EL MILAGRO DE LOS TREINTA LORENESES

Hª Leyendas... Milagro lorenesesLa mayor colección de milagros realizados por el apóstol Santiago es la recogida en el Liber Sancti Jacobi o Códice Calixtino, en el que se narran un total de 27 milagros: veintidós en su segundo libro y cinco más en un apéndice final.  La mayor parte de los milagros ocurren a peregrinos que se dirigen a Compostela. El milagro de los Loreneses encierra también una importante enseñanza moral para los peregrinos: la necesidad de prestarse ayuda y asistencia los unos a los otros.

“Pues se cuenta que treinta caballeros en tierras de Lorena hicieron propósito por piadosa devoción de visitar el sepulcro de Santiago en la región de Galicia el año mil ochenta de la encarnación del Señor. Mas como la mente humana cambia a veces cuando se promete mucho, se dieron entre sí palabra de ayuda mutua y pactaron obligación común de guardarse fidelidad. Sin embargo, uno de dicho número no quiso ligarse con tal juramento. Por fin todos ellos habiendo emprendido el viaje proyetado, llegaron sin daño hasta la ciudad de Gascuña llamada Porta Clusa. Pero allí uno de ellos cayó enfermo y de ningún modo podía caminar. Sus compañeros en virtud de la fe prometida le llevaron con gran trabajo en los caballos o con sus manos durante quince días hasta los puertos de Cize, cuando este trecho suele hacerse en cinco días por

los expeditos.

Finalmente cansados y aburridos, posponiendo la fe pactada, abandonaron al enfermo. Mas sólo aquél que no le había dado palabra le dio prueba de lealtad y piedad no abandonándole, y la noche siguiente veló junto a él en la aldea de San Miguel al pie del puerto mencionado. Por la mañana dijo el enfermo a su compañero que tratase de subir al puerto, si quería aprovechar para sí mismo sano el auxilio de sus fuerzas. Pero él respondió que no le abandonaría nunca hasta la muerte. Así, pues, habiendo subido juntos hasta la cima, se cerró el día, el alma bienaventurada del enfermo salió de este vano mundo y fue puesta por sus méritos en el descanso del paraíso, llevada por Santiago. Viendo esto el vivo, muy asustado por la soledad del lugar, la oscuridad de la noche, la presencia del muerto y el horror de la bárbara gente de los vascos impíos que habita cerca de los puertos, tomó gran miedo.

Codex_Calixtinus_02Como ni en sí mismo ni en nombre de alguno hallaba auxilio, dirigiendo al Señor su pensamiento, pidió protección a Santiago con suplicante corazón y el Señor, fuente de piedad, que no abandona a los que en él esperan, se dignó visitar por medio de su Apóstol al desamparado. Efectivamente, Santiago como soldado a caballo se le presentó en medio de su angustia. Y le dijo: ¿Qué haces aquí, hermano? Señor, contestó él, ante todo deseo enterrar a este compañero, mas no tengo medio de enterrarle en este desierto. Entonces el Apóstol le replicó: Alárgame acá ese muerto y tú monta en el caballo detrás de mí hasta que lleguemos al lugar de la sepultura. Y así se hizo. El Apóstol tomó diligente al difunto en sus brazos delante de sí e hizo montar al vivo a caballo a la grupa. ¡Maravilloso poder de Dios, maravillosa clemencia de Cristo, maravilloso auxilio de Santiago! Recorrida aquella noche la distancia de dice días de camino, antes de salir el sol, a menos de una milla de su catedral en el Monte do Gozo, bajó del caballo el Apóstol a los que había traído y mandó al vivo que invitase a los canónigos de dicha basílica a dar sepultura al peregrino de Santiago.

Después añadió: cuando hayas visto cumplidas dignamente las exequias de tu difunto y tras haber pasado la noche en oración completa, según costumbre, vayas de regreso, en la ciudad llamada León te encontrarás con tus compañeros. Y les dirás: Puesto que habeis obrado deslealmente con vuestro compañero abandonándole, el santo Apóstol os anuncia por mí que vuestras oraciones y peregrinación le desagradan profundamente hasta la debida penitencia. Al oír esto entendió al fin que éste era el Apóstol de Cristo y quiso caer a sus pies, mas el soldado de Dios no le fue visible por más tiempo. Cumplido, pues, todo aquello, al regreso encontró a sus compañeros en la mencionada ciudad y les contó exactamente todo lo que le había ocurrido desde su separación de ellos y cuántas y cuán grandes amenazas había hecho el Apóstol para la falta de cumplimiento de la fidelidad al compañero. Oído todo ello, se admiraron más de lo que puede decirse y recibida al momento penitencia del obispo de la ciudad de León, acabaron el camino de su peregrinación”

Códice Calixtino. Liber Sancti Jacobi , Libro II, Cap. IV

Fotos: Commons Wikipedia (Public domain) – Rosa Vázquez